La magia de Paco de Lucía: desde Algeciras al mundo

Probablemente deban pasar muchos años para que vuelva a parecer una figura tan relevante para flamenco como fue la de Paco de Lucía, el guitarrista algecireño que revolucionó todos los cánones no solo en el toque, sino en la manera de entender este arte. Nueve años después de su repentina muerte en México, la sombra de Paco sigue siendo muy alargada, y así será al igual que lo hicieron otros intérpretes.

Los orígenes humildes y un padre tenaz

 

Nacido en el seno de una familia humilde, que no pobre, el pequeño Paco de lucía abandonó la escuela en cuanto pudo conocer las reglas básicas. Su padre, Antonio Sánchez, era guitarrista aficionado y también era una figura muy relevante dentro del flamenco en la ciudad portuaria gaditana. Era frecuentemente llamado para acompañar en algunas fiestas y así poder llevar algo más de dinero a casa.

El ambiente que se respiraba en casa era eminentemente flamenco, y el propio Paco empezó con la práctica de ese instrumento prácticamente por casualidad. Su hermano Ramón fue también un notable guitarrista, mientras que su hermano Pepe es un cantaor muy reconocido, además de ser el padre de la artista Malú. Paco comenzó a estudiar guitarra bajo la sombra de su padre, un hombre muy constante y que se empeñó en que su hijo pudiera conocer las bases del flamenco y ser un buen guitarrista acompañante. Sobre los momentos de estudio de Paco de Lucía hay muchos mitos, pero es cierto que pasaba muchas horas diarias encerrado en su cuarto practicando el toque.

Eso dio como resultado una habilidad extraordinaria a la hora de tocar y acompañar. Paco se manifestó en numerosas ocasiones sobre el hecho de que él era un cantaor de flamenco frustrado, y que eligió la guitarra porque le daba mucha vergüenza cantar, el instrumento le servía de escudo ante el público.

La salida de Algeciras

 

Con 12 años, Paco y sus hermanos tuvieron la oportunidad de acompañar al bailarín José Greco, que por aquel entonces era muy famoso, a una gira por los Estados Unidos. Hay que imaginarse a un niño que nunca había salido de su pueblo irse a la otra parte del mundo, con una cultura totalmente diferente.

Pero esto no fue más que un estímulo para Paco de Lucía, que adquirió la cualidad de enfrentarse al público y de acompañar al baile y al toque de manera profesional. Los años de esfuerzo y estudio comenzaron a dar sus frutos Y en su familia comenzaron a recoger los frutos de tanto esfuerzo. La vuelta a España le supuso a Paco comenzar a grabar sus primeros discos, en un principio haciendo dúo con su hermano Ramón, conocido artísticamente como Ramón de Algeciras. En estos discos de los años 60, no solamente interpretaban piezas de flamenco, sino temas del cancionero popular adaptados a ese toque tan peculiar.

Paco no se mostraba solo como un intérprete extremadamente habilidoso, además bebía de todas las fuentes posibles de inspiración y todo lo que escuchaba lo transformada a su manera para darle un nuevo aire. Si hay algo que le debemos a la figura del guitarrista algecireño es la de haber puesto de flamenco en los teatros, fuera de las tabernas y de las fiestas de los señoritos. Cuando tuvo la oportunidad de conocer a Camarón de la Isla, figúrate naciente del cante y el equivalente a Paco dentro de esta disciplina, se produjo la magia.

El uno junto al otro fue capaz de hacer cosas increíbles y esta unión tuvo como resultado varios discos, además de posteriores colaboraciones. Para Paco de Lucía no ha habido una figura dentro del flamenco como la de cantador de San Fernando. Si hay que reseñar algún punto clave en la carrera de guitarrista de Algeciras hay que ir al año 1973, en el que graba su disco, Fuente y caudal. Aquí no solo muestra de una manera diferente de interpretar el toque, sino que la rumba improvisada que cierra el disco ese convirtió en un éxito inusitado. Incluso fue tema de baile en las discotecas durante los años 70.

Paco se atrevió con todo, conoció a músicos de jazz con los que aprendió los entresijos de la improvisación. Por ejemplo, tocó con el músico indio Ravi Shankar, qué fue conocido en occidente gracias a The Beatles, con el pianista Chick Corea y con cualquiera que tuviera algo que decir. Este acercamiento al jazz supuso un reto para Paco, pero no hizo más que aumentar su capacidad como músico. El guitarrista de Algeciras también se atrevió con las interpretaciones clásicas, al grabar un disco con obras de Manuel de Falla y atreverse con el concierto de Aranjuez. Todo esto sin ser capaz de leer una nota en el pentagrama, ya que él no tenía estudios formales de música, simplemente intuición y manos.

Pero no solo se trataba de habilidad, Paco de Lucía tenía una cabeza privilegiada para hacer propio todo lo que escuchaba. Esa es la grandeza de uno de los músicos mejores dotados que ha tenido nuestro país. La repentina muerte de Paco de Lucía en México mientras jugaba con su hija pequeña en la playa, supuso un jarro de agua fría para el mundo de la música, ya que Paco nunca paraba de pensar y siempre estaba con nuevos proyectos. Un infarto nos privó de seguir disfrutando durante muchos años del arte que tenía el hijo de una portuguesa de Castro Marín, y de un currante que hacía todo lo posible por inculcar el amor por el flamenco a sus hijos.

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